El primer dato: desfavorabilidad alta. El segundo, igual de decisivo: un electorado indeciso que castiga las narrativas de choque. La combinación ha dejado a María Fernanda Cabal con un techo más bajo que el de sus competidores en el centro y en la franja moderada de la derecha, según la última medición divulgada.

Cinco vectores explican el cuadro. (1) Exposición mediática: cada controversia amplifica el rechazo en audiencias no cautivas. (2) Tono de confrontación: útil para consolidar bases, pero costoso para sumar nuevos apoyos. (3) Agenda limitada: seguridad y orden público sin un correlato social robusto. (4) Competencia interna: otras figuras disputan el mismo electorado con menos costos reputacionales. (5) Contexto de indecisión: el centro crece y demanda moderación.

El mapa regional revela asimetrías. En plazas urbanas el voto de opinión penaliza el exceso de ruido; en zonas intermedias, los liderazgos locales exigen pactos programáticos que hoy lucen más viables con perfiles de menor rechazo. La aritmética de una posible segunda vuelta obliga a sumar fuera de la base propia.

En términos de campaña, el riesgo principal es el “autoencierro identitario”: hablarle solo a los convencidos. Para romperlo, estrategas proponen mensajes probatorios (metas y cronogramas) y voceros técnicos que traduzcan el ideario en políticas evaluables.

La experiencia comparada en Colombia y la región muestra que el techo de desfavorabilidad se reduce cuando la conversación pivota hacia entregables: empleo, inflación, seguridad con datos, lucha contra la corrupción y servicios públicos. Esa hoja de ruta exige bajar el volumen del conflicto y subir el de la gestión.

El factor digital es determinante. El sentimiento en redes arrastra percepciones hacia extremos; por eso, una arquitectura de contenidos que priorice evidencia —tableros, infografías, minivideos— ayuda a reconectar con indecisos y públicos jóvenes, sensibles a la verificación.

En paralelo, la diplomacia de coaliciones necesitará puentes con el centro político, hoy más robusto. Sin esos acuerdos, la campaña corre el riesgo de quedarse en la fase declarativa.

La conclusión técnica: si no hay giro de tono, agenda y alianzas, la desfavorabilidad puede cristalizarse y condicionar cualquier aspiración mayor. El reloj corre y la curva no perdona.

Reacciones en el sistema político señalan que la moderación es el bien escaso de la contienda. Varios sectores exploran alternativas que garanticen estabilidad y reformas graduales con gobernabilidad.

Para la ciudadanía, el veredicto es práctico: bolsillo y seguridad. Sin respuestas verificables, el rechazo se aferra. Con un giro tangible, aún hay margen de corrección.

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