Capacidad declarada vs capacidad real: el equipamiento militar venezolano al descubierto
El régimen de Nicolás Maduro asegura que Venezuela dispone de una impresionante batería de defensa antiaérea, incluyendo unos 5.000 misiles rusos Igla-S, y cuenta con un Ejército, Armada, Aviación, Guardia Nacional y Milicia que suman entre 200 000 y 300 000 efectivos.
No obstante, diversos informes señalan que gran parte del equipo militar —aviones varados, tanques sin mantenimiento y radares averiados— limita en la práctica la efectividad frente a un hipotético enfrentamiento con Estados Unidos.
Entre 2006 y 2011, Venezuela invirtió más de 11 000 millones de dólares en adquisiciones militares rusas, incluyendo 23 aviones Su-30MKV, cientos de misiles antiaéreos y una decena de plataformas de radar.
El presidente Maduro destaca como pilar de la defensa nacional la red de misiles Igla-S, que según él alcanza hasta 5.000 unidades distribuidas “hasta la última montaña, hasta el último pueblo”.
Sin embargo, analistas militares denuncian que aunque los sistemas “en papel” parecen avanzados, su disponibilidad operativa es muy baja debido a mantenimiento deficiente, sanciones y falta de repuestos.
En cuanto a personal, el Gobierno afirma contar con unos 300.000 soldados activos, pero el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos estima solo unos 123.000 efectivos en capacidad de combate real, más 220.000 milicianos entrenados.
La Armada venezolana cuenta con, entre otros, una fragata clase Mariscal Sucre italiana, un submarino tipo 209 alemán y alrededor de 9 patrulleros costeros.
Por otro lado, existen informes de que muchos tanques y blindados están fuera de servicio, y la cadena logística es considerada insuficiente para sostener operaciones de gran escala.
La dependencia de proveedores como Rusia, China, Irán y Corea del Norte, ante sanciones de EE.UU. y Europa, reduce la accesibilidad a nuevo armamento moderno.
Desde Estados Unidos se monitorea de cerca la capacidad armamentística de Venezuela, lo que genera tensión en la región y recalienta la narrativa de amenaza militar.
En Venezuela, el Gobierno emplea estos datos para reforzar la retórica de soberanía y autopreservación, movilizando milicias y reforzando las fronteras ante un posible escenario de acción externa.
La balanza entre lo declarado y lo operativo en el aparato militar venezolano deja claros desafíos: capacidad limitada frente a ambiciones amplias. El escenario continúa abierto a medida que se desarrollen nuevos movimientos diplomáticos y de defensa.
