Brecha digital y sesgo de cobertura

La discusión en el Centro Democrático no gira sobre nombres, sino sobre el mecanismo de elección. Miguel Uribe Londoño propone un esquema de dos o tres encuestas presenciales, auditables y publicables para blindar la legitimidad. El argumento técnico: la encuesta digital dejaría por fuera a quienes no tienen conectividad.
El elemento político: diversificar firmas y promediar resultados reduce suspicacias. En procesos partidistas, la disputa por el método suele definir la confianza posterior. Uribe Londoño ubica sus garantías en cuatro pilares: presencialidad, auditoría, publicidad de resultados y sujeción a ley.
La presencialidad permite controlar identidad, cobertura territorial y trazabilidad del trabajo de campo; la auditoría abre la operación a veedurías; la publicación habilita el escrutinio ciudadano y mediático.
La brecha digital opera como sesgo de cobertura: un 33% sin internet o smartphone altera la representatividad de una medición exclusivamente online. Ese costo metodológico se traduce en costo político. La diversificación de encuestadoras —dos o tres— y el promedio de resultados funcionan como control cruzado: mitigan errores muestrales y percepciones de favoritismo hacia un proveedor.
En la reunión con compromisarios y directivas, según Uribe Londoño, Atlas Intel admitió que su encuesta digital no era auditable ni publicable en Colombia; luego, la firma anunció que se retiraba del proceso.
Uribe Londoño se distancia de versiones de fractura interna: habla de “desacuerdo”, no de “pelea”, y afirma no haber propuesto ninguna empresa.
Políticamente, confiar en la palabra de Álvaro Uribe y del director del partido ordena la ruta: acordar el método y pasar a la agenda programática. El costo de un mal método es la deslegitimación del ganador; el de un buen método, la aceptación de los perdedores.
