Vecinos describen el estruendo del choque y piden más controles de velocidad y alcohol en Puente Aranda
Era casi la una de la mañana cuando el silencio habitual de la madrugada en Puente Aranda se quebró por completo. Un fuerte estruendo, seguido de gritos y el sonido de vidrios rotos, despertó a varios residentes del barrio Jorge Gaitán Cortés. En la intersección de la calle 3.ª con carrera 36, una camioneta Renault Arkana azul acababa de estrellarse contra varios vehículos que permanecían detenidos frente al semáforo en rojo, en uno de los cruces más transitados de la zona industrial de Bogotá.
En cuestión de minutos, vecinos y transeúntes se acercaron para intentar entender qué había sucedido. Lo que encontraron fue una escena de confusión: un taxi con la parte trasera destruida, una motocicleta en el piso, un automóvil particular severamente golpeado y la camioneta con la parte frontal deformada. Dentro del carro de servicio por aplicación yacía una mujer que, según los primeros reportes, rondaba los 40 años de edad. Pese a los esfuerzos de quienes se acercaron a auxiliarla, falleció en el lugar antes de que llegaran los organismos de emergencia.
Según los testimonios que comenzaron a circular en redes sociales y en reportes ciudadanos, la camioneta era conducida por una mujer que se movilizaba junto a un copiloto. Varios testigos señalaron que ambos se encontraban en presunto estado de embriaguez, una versión que las autoridades de tránsito y la Policía Metropolitana evaluarán con los resultados de las pruebas de alcoholemia y los análisis de criminalística. La velocidad y la falta de reacción habrían sido determinantes en la violencia del impacto.
Mientras las sirenas de ambulancias y patrullas llenaban la madrugada, los habitantes de la zona observaban con preocupación el despliegue de paramédicos y agentes de tránsito. El taxista y un motociclista resultaron heridos y fueron trasladados a centros médicos cercanos, mientras los uniformados aseguraban el área y desviaban el tráfico. La calle 3.ª quedó parcialmente cerrada, lo que afectó la circulación de otros vehículos que se dirigían a trabajar o regresaban a casa en esas horas de baja movilidad.
Para quienes viven desde hace años en Puente Aranda, este siniestro no es un hecho aislado. Residentes consultados recuerdan otros choques en el mismo corredor y sostienen que la combinación de vías amplias, zonas industriales abiertas y escasos controles nocturnos favorece los excesos de velocidad. “Uno escucha frenadas, carreras, carros acelerando muy duro. Esta vez fue peor, porque murió alguien”, comentan, mientras señalan la intersección donde quedó la huella de llantas y restos de vidrio sobre el asfalto.
Las cifras oficiales refuerzan esa percepción. Bogotá registra cada año un elevado número de víctimas por siniestros viales, y sectores como Puente Aranda, Kennedy y Engativá se ubican con frecuencia entre las localidades con mayor incidencia. Peatones, ciclistas y usuarios de servicios por aplicación están entre los actores más vulnerables frente a conductores que no respetan los límites de velocidad o se arriesgan a manejar luego de haber consumido alcohol, pese a las campañas reiteradas de prevención.
En medio del dolor por la muerte de la pasajera, el caso vuelve a abrir el debate sobre la cultura ciudadana y la responsabilidad al volante en Bogotá. Los habitantes del barrio piden que se incrementen los puestos de control, especialmente en horarios de rumba, y que se mantenga vigilancia en corredores como la calle 3.ª. La tragedia dejó a una familia sin una madre, hija o hermana, y a un barrio entero con la sensación de que, si no cambian los comportamientos en la vía, escenas como la de esta madrugada en Puente Aranda seguirán repitiéndose.
El siniestro ocurrido en la calle 3.ª con carrera 36 de Puente Aranda se suma a otros accidentes fatales que han marcado la agenda de movilidad en Bogotá. Mientras avanzan las investigaciones, las autoridades insisten en que conducir en presunto estado de embriaguez puede convertirse en una decisión letal para terceros, como ocurrió con la pasajera del carro por aplicación. Casos como este reafirman la urgencia de fortalecer los controles de alcoholemia, la pedagogía vial y el respeto por las normas de tránsito para reducir las muertes por siniestros viales en Bogotá y proteger a quienes se movilizan por la ciudad, especialmente en horarios nocturnos.
