Es el cuarto hecho violento registrado en los últimos años contra familiares del exjefe del Bloque Mineros, hoy preso en Estados Unidos

El atentado contra Mauricio Vanoy Bohórquez en el barrio La Iguaná no puede leerse solo como un episodio aislado de sicariato en Medellín. Para las autoridades y analistas de orden público, se trata del cuarto ataque registrado en los últimos años contra familiares del exjefe paramilitar Ramiro “Cuco” Vanoy, un patrón que evidencia la persistencia de disputas, venganzas o ajustes de cuentas ligados a la herencia del Bloque Mineros y a las economías ilegales que se tejieron en torno a su poder territorial en el Norte y el Bajo Cauca antioqueño.

De acuerdo con los reportes oficiales, además de este último caso, en 2008 fue asesinado en Tarazá, Bajo Cauca, José Nelson Vanoy Murillo, hermano del excomandante; ese mismo año su hijo Vladimir Vanoy Cifuentes fue baleado en Tenjo, Cundinamarca, y en 2012, dentro de un proyecto inmobiliario en Envigado, fue ultimado Alejandro Franco Vélez, entonces cuñado de “Cuco” Vanoy. Estas cifras convierten al núcleo familiar en objetivo recurrente de ataques que, aunque se presentan en momentos y lugares distintos, comparten la característica de ser acciones selectivas con alto impacto mediático.

El hecho más reciente, ocurrido sobre la carrera 77 con calle 60, en La Iguaná, se ajusta a ese patrón: los sicarios seleccionan a la víctima, aprovechan un espacio de movilidad y atacan con tiros precisos desde una moto, para luego abandonar el vehículo en otra zona de la ciudad, en este caso en el barrio Betania, comuna 13. El hallazgo de la motocicleta abre una ruta de investigación, pero también confirma la planificación previa y la experiencia de estructuras delincuenciales que conocen bien el terreno urbano del occidente de Medellín.

En paralelo, se revisa el rol que ha tenido Vanoy Bohórquez en los últimos años. Fuentes judiciales señalan que, además de un proceso por concierto para delinquir y una demanda de alimentos, el hombre es investigado por lavado de activos y se le relaciona con actividades mineras en el Bajo Cauca. Esa región no solo fue epicentro de operaciones del Bloque Mineros, sino también escenario de disputa entre grupos post desmovilización, organizaciones narcotraficantes y redes que se disputan el control de la extracción de oro y otras rentas ilegales, por lo que no se descarta que el atentado pueda estar conectado con esos intereses.

La trayectoria de violencia contra allegados de “Cuco” Vanoy dialoga directamente con el lugar que ocupa hoy el exjefe paramilitar en los esfuerzos de paz total del Gobierno nacional. El antiguo comandante fue incorporado recientemente a ese proceso, junto con otros líderes desmovilizados, con el propósito de aportar a la verdad y la reparación de las víctimas. Sin embargo, los ataques a sus familiares muestran que las estructuras criminales que se nutrieron del paramilitarismo siguen activas o reconvertidas, y que todavía existen cuentas pendientes en territorios donde el Bloque Mineros dejó huellas profundas.

Para Medellín, el caso vuelve a poner el foco sobre la forma como se entrecruzan viejas dinámicas del conflicto armado con problemáticas actuales de seguridad ciudadana. Barrios como La Iguaná y sectores de la comuna 13 y de Robledo han vivido en distintos momentos la presión de combos, rentas de microtráfico, extorsiones y disputas por corredores estratégicos, lo que obliga a entender este atentado no solo desde su dimensión individual, sino también desde la configuración de redes criminales que conectan la ciudad con regiones como el Bajo Cauca.

Especialistas consultados insisten en que esclarecer el atentado y avanzar en la judicialización de los responsables será fundamental para enviar un mensaje de autoridad en Medellín y en Antioquia. Identificar si se trata de una retaliación por hechos del pasado, de conflictos asociados a la minería ilegal o de pugnas entre bandas emergentes permitirá dimensionar la amenaza y ajustar la respuesta institucional. Mientras tanto, el sobrino del exjefe paramilitar permanece en la UCI, entre la vida y la muerte, y su caso es observado de cerca por las autoridades nacionales encargadas de la política de paz total.

El ataque a un nuevo integrante de la familia de “Cuco” Vanoy en La Iguaná confirma que la violencia asociada al paramilitarismo y a las economías ilegales continúa vigente en Medellín, Antioquia y el Bajo Cauca. En la medida en que las autoridades aclaren si este cuarto atentado está vinculado a disputas por minería, a retaliaciones por viejos crímenes o a la recomposición de grupos armados, la ciudadanía podrá dimensionar mejor los riesgos que enfrenta la seguridad urbana. El seguimiento a este caso será clave para entender cómo dialogan los esfuerzos de paz total con las realidades de orden público en barrios como La Iguaná, la comuna 7 y el occidente de la ciudad.

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