Su cuenta en redes sociales se convirtió en plataforma para visibilizar el maltrato animal y promover el rescate
Detrás de las fotografías llenas de ternura que circulan en redes sociales, Rexie esconde un comienzo marcado por la violencia. Este gato, reconocido globalmente por sus expresiones faciales, fue encontrado cuando era cachorro con una grave lesión de espalda producto de un presunto caso de maltrato. La falta de atención inmediata dejó como secuela la parálisis de sus patas traseras, una condición irreversible que lo obligó a reaprender a moverse y a relacionarse con su entorno.
Tras ser rescatado, la prioridad fue estabilizar su salud y aliviar el dolor causado por la lesión. Veterinarios y cuidadores trabajaron de la mano para adaptar tratamientos y terapias que le permitieran ganar fuerza en sus patas delanteras. En paralelo, la nueva familia de Rexie comenzó a documentar su proceso de recuperación en redes sociales, con el objetivo de demostrar que incluso los animales con secuelas físicas pueden tener una vida digna y llena de afecto.
A medida que crecían las publicaciones, los gestos de Rexie empezaron a volverse virales. Los usuarios reaccionaban a sus muecas y miradas, que parecían reflejar emociones complejas. Con el tiempo, la cuenta @rexiecat reunió cientos de miles de seguidores y convirtió al felino en un símbolo del impacto del maltrato animal. Muchas personas se sorprendieron al conocer que detrás del “gato más expresivo del mundo” había una historia de dolor que pudo haber terminado en abandono o eutanasia.
Organizaciones de protección animal en distintos países han aprovechado la visibilidad de Rexie para recordar que los casos de violencia contra mascotas siguen siendo frecuentes y, en muchos contextos, permanecen impunes. En ciudades como Bogotá, Medellín o Barranquilla, refugios locales reportan un aumento de denuncias y rescates, pero también limitaciones económicas para atender a animales con lesiones graves, como las que sufrió este gato. La difusión de su caso contribuye a sensibilizar a la ciudadanía sobre la importancia de denunciar y no ser indiferente.
La historia de Rexie también abre un debate sobre la responsabilidad de los cuidadores frente a tratamientos médicos oportunos. Especialistas señalan que, incluso cuando una lesión no es producto directo del maltrato, la falta de atención puede agravar el cuadro hasta generar secuelas permanentes. En el caso de este felino, una intervención temprana pudo haber evitado la parálisis. Por eso, activistas insisten en que el bienestar animal no se limita a alimentar y dar refugio, sino a garantizar acceso a cuidados veterinarios.
Pese a las dificultades, Rexie ha encontrado una rutina adaptada a sus capacidades. Utiliza principalmente sus patas delanteras para desplazarse y, en algunos momentos, apoya su movilidad en ayudas especiales diseñadas para animales con discapacidad. Los videos compartidos muestran cómo juega, se deja cargar y explora espacios interiores, lo que refuerza la idea de que las limitaciones físicas no impiden que una mascota disfrute de afecto y actividades lúdicas cuando cuenta con un entorno seguro.
Para sus seguidores, el caso de Rexie es un recordatorio de que cada animal maltratado merece una segunda oportunidad. Su popularidad en redes se ha traducido en apoyo a refugios, jornadas de adopción y campañas educativas en varios países, entre ellos Colombia. Más allá de las cifras de “me gusta”, su historia invita a replantear cómo se trata a los animales de compañía y a exigir que el maltrato sea investigado y sancionado.
El camino de Rexie, desde el maltrato hasta convertirse en referente de cuidado responsable, ilustra la urgencia de fortalecer las leyes y la cultura de protección animal. Su presencia en redes, seguida por miles de personas en Colombia y el mundo, demuestra que las historias de rescate pueden transformar actitudes y motivar acciones concretas. Visibilizar casos como el suyo es clave para promover la denuncia, la adopción y el respeto hacia todos los seres vivos que comparten espacios con las familias urbanas y rurales.
