El aspecto de Carla ha generado dudas, pero también curiosidad por conocer más sobre la raza viringo peruano
En los perfiles de la organización Adopta con Responsabilidad comenzó a repetirse un nombre: Carla. Se trata de una perrita de raza viringo peruano que llegó a la fundación tras ser rescatada y que, con el paso de los días, se ha convertido en protagonista de publicaciones, videos y mensajes de apoyo.
Su piel casi desnuda y su expresión atenta han despertado un interés particular entre quienes no están familiarizados con este tipo de perros.
Varios de los comentarios giran en torno a su salud y al aspecto de su piel. Usuarios preguntan si la perrita padece alguna enfermedad dermatológica o si su apariencia se debe a un proceso de maltrato. Desde la fundación aclaran que la viringo peruana es una raza de perros sin pelo y que, en el caso de Carla, su piel no es consecuencia de una patología, sino de una condición genética.
Esa explicación ha servido para iniciar conversaciones sobre diversidad en el mundo animal y la responsabilidad que implica informar antes de juzgar.
Más allá de su aspecto, Carla se destaca por su carácter. Los voluntarios resaltan que se trata de una perrita cariñosa, sociable y con facilidad para relacionarse con otros animales del refugio.
En los videos se le ve caminando con seguridad entre los pasillos, recibiendo caricias y acercándose a las cámaras con una mezcla de curiosidad y confianza, una actitud que desafía la imagen de fragilidad con la que algunos asocian a los perros sin pelo.
Su condición física, sin embargo, sí implica rutinas de cuidado más estrictas. Al no tener pelaje que la proteja del sol o del frío, la piel de Carla requiere hidratación constante, protección solar y productos suaves para el baño, tal como recomiendan especialistas en razas sin pelo.
La fundación aprovecha su caso para enseñar a futuros adoptantes que estos animales necesitan hogares comprometidos, dispuestos a seguir indicaciones veterinarias y a invertir tiempo en su bienestar.
Otro aspecto clave del proceso ha sido la valoración clínica. Antes de abrir una convocatoria de adopción, Carla fue sometida a exámenes como cuadro hemático y análisis de heces, pruebas que permiten revisar su estado general de salud y descartar parásitos o enfermedades silenciosas.
Para la fundación, estos pasos son innegociables y forman parte del mensaje que quieren enviar: adoptar implica cuidar, seguir controles y asumir responsabilidades a largo plazo.
El alcance de su historia se vio reforzado por la campaña “Velitas Pro Patitas”, un mecanismo con el que la organización recauda fondos mediante la venta de cajas de velas cuyo valor se destina a alimentación, medicamentos y procedimientos veterinarios para animales rescatados en Bogotá y Soacha.
En este contexto, Carla se ha convertido en una especie de embajadora silenciosa de esos esfuerzos, recordando que detrás de cada foto tierna hay costos y trabajo diario.
Mientras llega el momento de abrir oficialmente su adopción, las redes sociales siguen siendo el escenario donde Carla inspira mensajes de apoyo, preguntas y reflexiones. La fundación invita a quienes se han conmovido con su historia a acompañar todo el proceso: desde los chequeos médicos hasta la eventual entrega a una familia que entienda sus necesidades.
Así, lo que comenzó como la curiosidad por una perrita sin pelo se ha convertido en una conversación más amplia sobre adopción responsable en la capital.
El caso de Carla recuerda que en Bogotá y Soacha no solo hay perros mestizos esperando hogar, sino también razas menos conocidas como la viringo peruana, que requieren cuidados especiales y adoptantes informados. Al romper mitos sobre los perros sin pelo y visibilizar el trabajo de fundaciones como Adopta con Responsabilidad, la historia se posiciona como un referente para quienes buscan adoptar mascotas en Colombia, aprender sobre razas poco comunes y apoyar campañas de recaudo que financian la protección de animales vulnerables.
