El ranking FIFA marca el tablero del sorteo

La noticia de que Colombia estará en el bombo dos del Mundial 2026 abre una discusión inevitable: ¿es este realmente el mejor escenario para la tricolor? El lugar en el ranking FIFA le permitió evitar el bombo tres, pero no la exposición a rivales de máximo nivel. El panorama del sorteo muestra una mezcla explosiva: potencias instaladas en el bombo uno, selecciones competitivas en el bombo dos y posibles “cocos” escondidos en el bombo cuatro, como Italia si supera el repechaje europeo. Dentro de ese tablero, Colombia deberá encontrar un camino que le permita equilibrar ambición y prudencia.

Estar en el bombo dos significa, de entrada, que Colombia no tendrá que enfrentarse a selecciones como Croacia, Marruecos, Uruguay, Suiza o Japón en la fase de grupos. Son rivales que, por nombre y presente, podrían complicarle a cualquiera. Evitarlos reduce el riesgo de un grupo excesivamente parejo, aunque no elimina la posibilidad de cruces complejos. La contraparte es que el equipo sí se medirá a un cabeza de serie del bombo uno, donde figuran España, Argentina, Francia e Inglaterra, además de Brasil, Portugal, Países Bajos, Bélgica y Alemania, sin olvidar a los anfitriones Estados Unidos, México y Canadá. Cualquiera de ellos puede convertir la primera fase en un examen de altísima exigencia desde el primer partido. El bombo tres tampoco es inocuo. Allí se combinan selecciones europeas en crecimiento, como Noruega o Escocia, con equipos africanos y asiáticos capaces de sorprender en torneos cortos, además de Sudáfrica, Catar y Panamá. Un cruce con Paraguay o Egipto, por ejemplo, podría configurar grupos sumamente físicos e intensos, donde cada punto se luche hasta el último minuto. El bombo cuatro, por su parte, es el territorio de las incógnitas. Italia, tetracampeona del mundo, llega a repechaje europeo y, en caso de clasificar, se instalaría allí junto a selecciones como Ghana, Haití, Curazao, Cabo Verde o Nueva Zelanda, además de los ganadores del repechaje intercontinental. En términos competitivos, es un bombo que puede esconder más de una trampa. Desde la perspectiva de Colombia, el escenario ideal sería combinar un cabeza de serie menos dominante con un bombo tres accesible y un bombo cuatro sin históricos. Por ejemplo, emparejarse con uno de los anfitriones o con una potencia en proceso de recambio podría ser más favorable que hacerlo con una selección en plena madurez deportiva. Sin embargo, la lógica del sorteo rara vez coincide con las proyecciones teóricas. También influyen factores logísticos: el orden de los partidos, las sedes, los viajes internos entre Estados Unidos, México y Canadá y las condiciones climáticas. Un grupo que parezca manejable en el papel podría complicarse por distancias, cambios de horario y adaptación a diferentes ciudades, elementos que la FIFA terminará de definir tras el sorteo, cuando publique el calendario oficial. En cualquier caso, el bombo dos es una señal de que la selección colombiana ha recuperado prestigio internacional. Ese estatus no garantiza nada en un mundial, pero sí condiciona la mirada de rivales y analistas, que ya no ven a la tricolor solo como un equipo competitivo, sino como un seleccionado capaz de discutirle el protagonismo a las grandes potencias, siempre y cuando logre sostener su nivel.

El sorteo, entonces, será tanto un acto de azar como una radiografía del presente del fútbol mundial. La ubicación de Colombia en el bombo dos confirma su crecimiento reciente, pero también la obliga a demostrar que su estadística no es un accidente.

A partir de la combinación de rivales, se podrá hablar de grupos “de la muerte” o “favorables”. Sin embargo, la verdadera evaluación llegará en la cancha, donde el análisis previo se convierte en goles, puntos y clasificaciones. Para Colombia, la tarea será convertir su buena posición en el ranking en una campaña mundialista acorde con esa etiqueta.

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