Lateral más laureado ahora predica en España
Daniel Alves da Silva, conocido mundialmente como Dani Alves, ha pasado de ser uno de los futbolistas más condecorados de la historia a predicador activo en congregaciones evangélicas. El cambio se hizo visible en octubre de 2025, cuando participó en el tercer congreso de jóvenes de la iglesia Elim de Girona, España, compartiendo testimonio sobre su experiencia con la fe cristiana.
Los hechos documentados muestran una trayectoria marcada por éxitos deportivos, un proceso judicial complejo y una reconversión espiritual que divide opiniones. Alves acumuló 43 títulos profesionales durante su carrera, solo superado por Lionel Messi en cantidad de trofeos. Sin embargo, su legado quedó empañado por una acusación de agresión sexual que derivó en condena inicial, posterior absolución y controversia sobre el funcionamiento del sistema de justicia.
El brasileño de 42 años enfrenta ahora una nueva etapa que lo aleja definitivamente del deporte profesional. Su perfil en redes sociales refleja este cambio: donde antes predominaban imágenes de partidos y celebraciones, ahora abundan versículos bíblicos y reflexiones sobre fe, perdón y transformación personal.
Los eventos que desencadenaron la transformación de Alves comenzaron el 30 de diciembre de 2022. Según la investigación judicial, el futbolista brasileño agredió sexualmente a una mujer de 23 años en el baño del reservado de la discoteca Sutton de Barcelona. La víctima denunció los hechos inmediatamente a sus amigas, al personal del establecimiento y a los Mossos d’Esquadra que se presentaron en el lugar.
El 20 de enero de 2023, Alves se presentó a declarar ante las autoridades. Su testimonio incluyó contradicciones que debilitaron su defensa: primero negó conocer a la denunciante, luego admitió un encuentro pero insistió en que fue consensuado. La jueza dictó prisión preventiva considerando el riesgo de fuga, dada la nacionalidad brasileña del jugador y sus recursos económicos.
El juicio se desarrolló durante febrero de 2024. La Fiscalía solicitó nueve años de prisión, mientras la defensa de Alves argumentó inconsistencias en el relato de la víctima. El 22 de febrero, la Audiencia Provincial de Barcelona lo condenó a cuatro años y medio de cárcel por un delito de agresión sexual. La sentencia incluía además una orden de alejamiento y una indemnización de 150 mil euros para la víctima.
Las repercusiones profesionales fueron inmediatas. Pumas de la UNAM rescindió el contrato que ligaba a Alves con el club mexicano, eliminando ingresos proyectados de 2.1 millones de dólares. Adidas, Nike y Puma cancelaron acuerdos publicitarios que representaban entre 30 mil y 50 mil euros mensuales. Las autoridades brasileñas y españolas congelaron sus cuentas bancarias para garantizar el cumplimiento de obligaciones económicas derivadas de la sentencia.
El 25 de marzo de 2024, un giro procesal cambió la situación de Alves. La Audiencia de Barcelona aceptó la petición de libertad provisional presentada por su defensa, estableciendo una fianza de un millón de euros. El jugador debió entregar sus pasaportes brasileño y español, presentarse semanalmente ante el juzgado y mantener alejamiento de la víctima. Ester García, abogada de la denunciante, calificó la decisión como “justicia para ricos”, argumentando que personas sin recursos económicos jamás accederían a tales beneficios.
El proceso continuó en instancias superiores. En marzo de 2025, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña revisó el caso y anuló la condena por unanimidad. Los tres magistrados consideraron que existían “vacíos, imprecisiones, inconsistencias y contradicciones” en la valoración de hechos y pruebas realizada por la instancia anterior. La decisión devolvió a Alves su libertad plena, aunque la Fiscalía y la víctima presentaron recursos ante el Tribunal Supremo.
Paralelamente a estos acontecimientos judiciales, Alves inició un acercamiento progresivo a la religión evangélica. Según testimonios posteriores, durante su estancia en prisión estableció contacto con grupos religiosos que visitaban el centro penitenciario. A partir de su liberación en 2024, comenzó a compartir contenido religioso en Instagram, donde mantiene 35 millones de seguidores.
La trayectoria actual de Dani Alves ilustra las complejidades de la justicia, la redención pública y el impacto mediático en casos de alta visibilidad. Los hechos documentados muestran un proceso judicial con resultados contradictorios, pérdidas económicas millonarias y una reconversión personal hacia la fe evangélica. Las implicaciones de este caso continúan generando análisis sobre privilegio económico, acceso a defensa legal de calidad y posibilidades de reinserción social tras escándalos públicos.
El futuro judicial de Alves depende del fallo del Tribunal Supremo sobre los recursos presentados. Mientras tanto, su actividad se concentra en participación en eventos religiosos, familia y gestión de negocios gastronómicos que mantiene en España. La distancia con sus dos hijos del primer matrimonio persiste debido al acoso que sufrieron en colegios tras la publicidad del caso.
