Clan del Golfo y ‘pachencas’ son los grupos señalados de protagonizar la disputa armada detrás del crimen

El ataque armado registrado en el Disco Bar Café Paraíso, en Ciénaga, Magdalena, no solo dejó tres hombres muertos y un herido; también volvió a evidenciar la compleja situación de seguridad que atraviesa este municipio del Caribe colombiano. El establecimiento, ubicado en el barrio La Victoria, muy cerca de la Troncal del Caribe, se convirtió en escenario de una nueva masacre que, según fuentes oficiales y organizaciones sociales, estaría relacionada con la disputa de estructuras criminales que se pelean el control de las rentas ilegales en la zona.

De acuerdo con la reconstrucción inicial, los sicarios llegaron en motocicletas en horas de la noche y habrían simulado ser clientes interesados en mujeres que se encontraban dentro del bar, un lugar conocido por ofrecer servicios sexuales, según la información difundida por la prensa regional. Una vez dentro, dos de ellos se dirigieron directamente a la mesa donde se encontraban las víctimas y dispararon de forma repetida, mientras un tercero se mantenía atento en el pasillo de acceso al negocio para cubrir la salida.

Las víctimas mortales fueron identificadas como Antonio José Peláez Álvarez, de 43 años, y Luis Alberto Gutiérrez Cantillo, de 28, además de un tercer hombre cuya identidad está en proceso de confirmación. Un cuarto ciudadano, Joaquín Segundo Cueto Mejía, de 42 años, sobrevivió al ataque, aunque permanece bajo observación médica por las heridas sufridas. Las autoridades buscan establecer si las personas atacadas tenían algún tipo de vínculo previo con las organizaciones criminales que operan en la región o si fueron seleccionadas como mensaje ejemplarizante en medio de una escalada violenta.

Un elemento clave en la investigación es el mensaje dejado junto a los cuerpos, en el que se lee “Acá mandamos nosotros. Cero Golfo. Katerine y negrito vamos por ti”. La frase, según analistas de seguridad consultados por medios locales, podría ser leída como un desafío directo entre grupos enfrentados: por un lado, el Clan del Golfo, presente en distintos municipios del Magdalena, y por otro, las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, conocidas como ‘pachencas’, que históricamente han tenido influencia en la franja costera.

La Policía Metropolitana de Santa Marta dispuso un grupo especializado de la Sijín y de Inteligencia para analizar cámaras de seguridad, rastrear la ruta de las motocicletas y recolectar información de contexto sobre extorsiones, amenazas o panfletos previos en el barrio La Victoria y sectores aledaños. En paralelo, la Fiscalía recopila testimonios de testigos y habitantes, con el fin de determinar si el establecimiento ya había sido objeto de presiones por parte de bandas criminales.

Organizaciones sociales y plataformas de derechos humanos en la Sierra Nevada han advertido que el hecho de Ciénaga se suma a otros episodios de violencia reciente en el departamento, incluidos homicidios selectivos y otras masacres. Para estas entidades, el ataque en Café Paraíso demuestra que las intervenciones policiales aisladas no son suficientes y que se requiere una estrategia integral que abarque prevención, justicia efectiva, inversión social y protección a líderes comunitarios.

Al mismo tiempo, el aumento de homicidios en Ciénaga en lo corrido del año preocupa a la ciudadanía, que denuncia la normalización de las balaceras en zonas de rumba y barrios residenciales. La masacre en el bar Café Paraíso se convierte así en un símbolo de la encrucijada que vive el municipio: entre el miedo generado por el dominio ilegal de las noches y la necesidad de recuperar el espacio público, la confianza en las instituciones y la percepción de seguridad en uno de los principales corredores del Caribe colombiano.

La masacre en el bar Café Paraíso, en Ciénaga, pone de relieve la urgencia de una respuesta coordinada frente a las disputas entre el Clan del Golfo y las ‘pachencas’ en el Magdalena. Mientras la investigación avanza, Ciénaga y el corredor de la Troncal del Caribe siguen bajo alerta por posibles retaliaciones. En este contexto, la ciudadanía insiste en que la lucha contra el crimen organizado debe ir acompañada de oportunidades sociales y económicas que reduzcan el terreno fértil para la expansión de las bandas en el Caribe colombiano.

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