La herida de una joven en Usaquén vuelve a poner sobre la mesa la forma como la Policía enfrenta a delincuentes en zonas concurridas
Lo que para Laura Vega era una caminata de rutina rumbo a casa de una amiga se convirtió en un episodio que hoy alimenta un debate de largo aliento: ¿cómo se están usando las armas de fuego en las calles de Bogotá? La joven maquilladora resultó herida en el brazo por una bala perdida en medio de una persecución policial a delincuentes en el norte de la ciudad, en la zona de influencia del centro comercial Unicentro, uno de los sectores de mayor actividad comercial y residencial de Usaquén.
El caso no es aislado. Según datos de la Secretaría de Seguridad, entre el 1.º de enero y el 30 de septiembre de este año se han registrado 12.103 incidentes por disparos reportados a la Línea de Emergencias 123 en Bogotá. A esas cifras se suman las de un estudio del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), que documentó 2.969 víctimas de balas perdidas en Colombia entre 1990 y noviembre de 2013, de las cuales 818 murieron. Los números muestran que el fenómeno tiene historia y que sigue vigente en la capital.
En el caso de Usaquén, la localidad donde ocurrió el hecho, se registraron 558 llamadas por disparos en los primeros nueve meses del año, una reducción de 8,27 % frente al mismo periodo anterior, según el Distrito. Aunque la tendencia es a la baja, la bala que hirió a Vega evidencia que, aun en zonas que se perciben seguras, el riesgo sigue latente cuando hay presencia de armas de fuego y persecuciones en espacio público.
La versión oficial indica que dos hombres en motocicleta habían robado y apuñalado a un ciudadano cuando patrullas de la Policía iniciaron la persecución. En algún punto, presuntamente, los delincuentes habrían disparado y los uniformados respondieron al fuego, generando un intercambio de tiros en plena vía. Allí, según el comandante de la estación de Usaquén, se produjo un “daño colateral”: el impacto en el brazo de la joven que pasaba por el lugar.
Para Vega, sin embargo, la principal responsabilidad está del lado de los policías. Ella sostiene que solo vio a los uniformados disparando y que, desde que la atendieron en la portería del edificio donde buscó refugio, les dijo que creía que el tiro había salido de sus armas. La Policía, por su parte, insiste en que la investigación está en manos de la Policía Judicial y que será la balística la que determine de manera objetiva de dónde salió el proyectil.
Especialistas en seguridad ciudadana señalan que, independientemente del resultado del peritaje, el caso sugiere la necesidad de revisar los protocolos de persecución y uso de armas en zonas densamente pobladas. La pregunta es si, ante la huida de dos ladrones en moto, la respuesta más adecuada es abrir fuego en una vía por la que transitan peatones, ciclistas y vehículos, o si debe priorizarse la contención y captura a partir de seguimientos, cierres de vías y otras herramientas operativas menos riesgosas para terceros.
También surgen interrogantes sobre la atención a las víctimas y el seguimiento institucional. La historia clínica de Vega en la Fundación Santa Fe consigna la herida como “bala perdida” y describe el daño en el antebrazo, pero la joven asegura que la Fiscalía aún no se ha acercado a escuchar su versión. En un contexto donde miles de ciudadanos reportan disparos al 123 cada año, la forma en que se investigan y esclarecen estos episodios será clave para recuperar la confianza en las autoridades y evitar que la expresión “daño colateral” se normalice en las calles de Bogotá.
El caso de bala perdida que dejó herida a una joven en Usaquén, en medio de una persecución policial cerca de Unicentro, se suma a un historial de balaceras y disparos reportados en Bogotá que preocupan a expertos y ciudadanos. Mientras la investigación balística determina de quién fue el proyectil, el debate se centra en cómo mejorar los protocolos de persecución, reducir el riesgo para transeúntes y garantizar investigaciones rápidas y transparentes que eviten la repetición de tragedias por balas perdidas en la capital.
