El canal ha sido intervenido varias veces en los últimos años
Más allá de las dos toneladas de residuos retirados y de los 20 cambuches desmontados, el operativo en el Canal Comuneros pone sobre la mesa un problema que Bogotá arrastra desde hace años: la dificultad para mantener en el tiempo la recuperación de puntos críticos donde se combinan abandono urbano, arrojo ilegal de basuras, presencia de habitantes de calle y delitos asociados al microtráfico. El Canal Comuneros, en particular el tramo entre las carreras 27 y 30, ha sido intervenido en varias ocasiones y, sin embargo, vuelve a convertirse en foco de preocupación ciudadana.
La jornada reciente forma parte de un conjunto de “megatomas” y operativos interinstitucionales que el Distrito viene adelantando en diferentes sectores del centro y occidente de la ciudad. Las entidades enfatizan el carácter integral de estas acciones: no se trata solo de barrer y retirar residuos, sino de ejercer control policivo, ofrecer rutas de atención social y enviar un mensaje de presencia institucional. Sin embargo, especialistas en temas urbanos advierten que, si no se acompaña con proyectos de uso permanente del espacio y con programas sociales robustos, el riesgo de “recaída” es alto.
Uno de los elementos que explican la persistencia del problema es la ubicación estratégica del Canal Comuneros: se trata de un corredor que atraviesa zonas de alta circulación vehicular y peatonal, cercano a estaciones de transporte público, bodegas, talleres y comercio informal. Su condición de estructura a cielo abierto y con zonas poco iluminadas facilita la instalación de cambuches, el consumo de sustancias y el depósito de desechos voluminosos, lo que lo convierte en un punto atractivo para dinámicas informales y delictivas.
El operativo que permitió desmontar 20 cambuches también dejó en evidencia la presencia de armas blancas y estupefacientes, lo que confirma que el canal no solo funciona como espacio de permanencia, sino como escenario donde se gestan o se facilitan delitos. Para la Secretaría de Seguridad, estos hallazgos justifican la articulación con la Policía y el Ejército en algunas jornadas, en las que se busca ejercer control territorial y desactivar las economías ilegales que operan en estos corredores.
La dimensión social del problema, sin embargo, impide verlo únicamente como un asunto de “limpieza” y policía. Muchos de los cambuches desmontados eran ocupados por habitantes de calle, recicladores o personas en situación de extrema vulnerabilidad, para quienes el canal se convierte en refugio ante la falta de alternativas de vivienda y empleo. Las entidades de Integración Social y otras dependencias aprovechan las jornadas para ofrecer albergues, alimentación y acompañamiento, pero reconocen que la aceptación de la oferta institucional no siempre es alta y que las trayectorias de vida de estas personas son complejas.
Otro aspecto a considerar es el componente ambiental. La acumulación de residuos en canales y quebradas de Bogotá impacta directamente el sistema de drenaje de la ciudad y aumenta el riesgo de inundaciones en temporada de lluvias. Retirar dos toneladas de basura del Canal Comuneros no solo mejora el paisaje urbano, sino que contribuye a la prevención del riesgo. La Empresa de Acueducto y Aguas de Bogotá ha insistido en que parte del problema se origina en el arrojo irresponsable de escombros y muebles en estos espacios, un comportamiento que requiere cambios culturales y sanciones efectivas.
Finalmente, el caso del Canal Comuneros se conecta con otras intervenciones recientes en localidades como Kennedy, Santa Fe o Engativá, donde también se han desmontado cambuches y retirado grandes volúmenes de residuos. Esta repetición de operativos sugiere que Bogotá está en medio de una disputa por el espacio público, en la que se enfrentan la necesidad de garantizar seguridad y salubridad, y la urgencia de ofrecer soluciones dignas a poblaciones vulnerables que terminan ocupando canales, puentes y rondas de quebradas.
El operativo que retiró dos toneladas de residuos y desmontó 20 cambuches en el Canal Comuneros es un paso importante, pero no definitivo, en la recuperación de este corredor de Bogotá. Expertos coinciden en que para lograr cambios duraderos se requieren intervenciones urbanas de largo plazo, programas sociales sostenidos y campañas pedagógicas que desincentiven el arrojo de basuras. Mientras tanto, el Canal Comuneros seguirá siendo un termómetro para medir si la ciudad avanza realmente hacia una mejor gestión del espacio público y una política integral frente a los habitantes de calle y la seguridad urbana.
