Declaraciones emergen durante despliegue militar sin precedentes
El presidente Donald Trump declaró el viernes 21 de noviembre que establecerá comunicación con el presidente venezolano Nicolás Maduro en un futuro próximo. La declaración, realizada durante una entrevista radial con Fox News, forma parte de una serie de señales contradictorias que la administración estadounidense ha emitido respecto a Venezuela en las últimas semanas.
Trump se abstuvo de revelar el contenido específico de la conversación planificada, limitándose a afirmar que tiene algo muy específico que comunicar al mandatario venezolano. La declaración ocurre mientras Estados Unidos mantiene su mayor despliegue militar en el Caribe en más de tres décadas.
Por su parte, Maduro ha indicado su disposición a entablar diálogo, enfatizando que la diplomacia debe ser el canal para que los países y gobiernos libres se entiendan y busquen puntos en común.
La Operación Lanza del Sur, anunciada formalmente el 13 de noviembre por el secretario de Defensa Pete Hegseth, representa el contexto militar en el que se enmarca este posible diálogo. El operativo incluye el portaaviones USS Gerald R. Ford, más de una docena de buques de guerra, y aproximadamente 15,000 efectivos militares desplegados en aguas del Caribe.
El objetivo declarado de esta operación es combatir el narcotráfico y lo que Washington denomina narcoterrorismo en el hemisferio occidental. Desde mediados de octubre, bombarderos B-52 y B-1 han realizado misiones de entrenamiento cerca de la costa venezolana, acercándose progresivamente al espacio aéreo del país suramericano.
La designación del Cartel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera, que entrará en vigor el 24 de noviembre, constituye otra pieza clave del tablero diplomático-militar. Esta designación, según el Departamento de Estado, aplica a una red presuntamente dirigida por Maduro y altos funcionarios venezolanos que habrían corrompido instituciones gubernamentales para facilitar el narcotráfico.
La designación como organización terrorista permite a Estados Unidos imponer sanciones financieras más severas, incluyendo la congelación de activos y la prohibición de que ciudadanos estadounidenses proporcionen apoyo material a la organización. Sin embargo, expertos legales han señalado que técnicamente esta designación no autoriza explícitamente el uso de fuerza letal, aunque el gobierno de Trump ha argumentado que amplía las opciones militares disponibles.
Las operaciones militares estadounidenses en el Caribe han resultado en la destrucción de aproximadamente 22 embarcaciones y más de 80 fallecidos, según cifras oficiales. Washington justifica estas acciones bajo el argumento del combate al narcotráfico, específicamente al tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos.
Venezuela ha respondido calificando estas operaciones como un pretexto para intervención militar. Maduro ha llamado a la población a prepararse para una posible lucha armada y ha desplegado 200,000 militares en territorio nacional. En un discurso transmitido por televisión estatal, el mandatario venezolano hizo un llamado al pueblo estadounidense para detener lo que describió como acciones bélicas contra Sudamérica y el Caribe.
La comunidad internacional ha observado estos desarrollos con preocupación. La Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad emitió un llamado urgente advirtiendo sobre la escalada militar y pidiendo el retiro inmediato del despliegue. Varios países de América Latina han expresado su preocupación por la estabilidad regional, aunque algunos gobiernos, como el de Trinidad y Tobago, han apoyado las operaciones estadounidenses.
Los próximos días serán determinantes para comprender la dirección que tomará la política estadounidense hacia Venezuela. La combinación de declaraciones sobre diálogo diplomático y el mantenimiento de un robusto despliegue militar sugiere una estrategia de presión máxima con posibilidad de negociación.
La conversación entre Trump y Maduro, si finalmente se materializa, tendrá lugar en un contexto de máxima tensión bilateral y regional. Los observadores internacionales esperan que cualquier comunicación entre ambos líderes pueda contribuir a la desescalada de tensiones y evitar un conflicto armado que tendría repercusiones significativas para toda la región latinoamericana y caribeña.
