Zonas rurales mantienen informalidad del 83,4% laboral
Las estadísticas oficiales muestran una realidad dual en el mercado laboral colombiano. Por un lado, la informalidad ha descendido al 55% en el último trimestre analizado, confirmando una tendencia descendente que inició en 2021. Por otro, las cifras desagregadas revelan profundas desigualdades estructurales.
La medición del DANE para el período julio-septiembre de 2024 evidencia que, si bien hay avances, estos no se distribuyen de manera equitativa en el territorio nacional. Las brechas entre lo urbano y lo rural, entre ciudades capitales y municipios intermedios, y entre grandes empresas y micronegocios permanecen como desafíos mayúsculos.
Los datos invitan a una reflexión sobre la efectividad de las políticas de formalización laboral y su alcance diferenciado según regiones y sectores económicos del país.
El análisis de las cifras del DANE permite identificar patrones claros en la distribución de la informalidad. La definición técnica empleada distingue entre trabajadores asalariados sin afiliación a seguridad social y trabajadores independientes en unidades del sector informal. Esta clasificación resulta fundamental para comprender la complejidad del fenómeno y diseñar políticas públicas efectivas.
La brecha urbano-rural constituye el dato más contundente del informe. Con una diferencia de 41,8 puntos porcentuales entre las principales ciudades (41,6%) y las zonas rurales (83,4%), queda en evidencia que el problema de la informalidad tiene una dimensión territorial insoslayable. En el campo colombiano, la precariedad laboral es la norma, no la excepción, afectando a más de ocho de cada diez trabajadores.
La distribución por género presenta un resultado contraintuitivo. Los hombres registran mayor informalidad (57,4%) que las mujeres (51,6%). Este dato contradice algunas percepciones sobre la precariedad laboral femenina, aunque es importante considerar que puede estar influenciado por la composición sectorial del empleo y las tasas de participación laboral diferenciadas entre géneros.
El mapa de la informalidad urbana dibuja un país de dos velocidades. Las ciudades del Caribe colombiano y la zona fronteriza con Venezuela concentran los índices más elevados. Sincelejo, Montería, Valledupar, Cúcuta y Riohacha conforman el grupo con tasas superiores al 60%, evidenciando las dificultades estructurales de estas economías regionales para generar empleo formal de calidad.
En contraste, el triángulo conformado por Bogotá, Medellín y el Eje Cafetero presenta los mejores indicadores. Bogotá, con 33% de informalidad, duplica su capacidad de generación de empleo formal respecto a Sincelejo. Manizales, Tunja, Medellín y Pereira completan el grupo de ciudades con tasas inferiores al 42%, demostrando que la diversificación económica y el fortalecimiento institucional inciden positivamente en la formalización laboral.
La relación entre tamaño empresarial e informalidad es inversamente proporcional y prácticamente determinante. Las microempresas, que representan el segmento más numeroso del tejido empresarial colombiano, registran el 84,7% de informalidad. Esta cifra revela que la precariedad laboral está fuertemente asociada a la fragilidad de las unidades productivas más pequeñas, que carecen de capacidad financiera o voluntad para cumplir con las obligaciones legales.
La situación cambia radicalmente en las empresas medianas y grandes, donde la informalidad se reduce al 5% y 2,6% respectivamente. Estos datos sugieren que la formalización no es solo una cuestión de cumplimiento legal, sino también de capacidad económica y sostenibilidad empresarial. Las grandes empresas, con estructuras administrativas consolidadas y mayor visibilidad ante las autoridades, presentan niveles de informalidad prácticamente marginales.
Los datos del DANE confirman que Colombia transita por un proceso de formalización gradual pero persistente. La reducción acumulada de 4,2 puntos porcentuales desde 2021 es significativa, aunque insuficiente para cerrar las brechas estructurales identificadas. El desafío no es solo continuar reduciendo el promedio nacional, sino acelerar la formalización en los territorios y sectores más rezagados.
La verdadera prueba de las políticas de formalización laboral será su capacidad para llegar a las zonas rurales, a las ciudades intermedias de la periferia nacional y a las microempresas que concentran la mayor parte del empleo precario. Sin intervenciones focalizadas en estos segmentos, la brecha entre el Colombia formal y el Colombia informal continuará ampliándose, perpetuando las desigualdades laborales y sociales.
