La designación existe, la operación no

Cuando el gobierno colombiano anunció la apertura de una embajada en Palestina, marcó un hito en su política exterior. No obstante, hasta la fecha no ha concretado el inicio de operaciones ni la instalación de la sede.

El embajador designado, Jorge Iván Ospina, permanece en Colombia y no ha sido acreditado aún como representante diplomático activo en dicho país. Esto genera dudas sobre el alcance real de la misión.

Una de las barreras clave es la autorización de ingreso por parte de Israel, ya que el territorio palestino se encuentra sujeto a regulaciones de tránsito aéreo y terrestre que requieren aprobación israelí.

A nivel político, abrir una embajada implica reconocer al Estado palestino de forma plena, lo cual puede tener repercusiones internacionales, especialmente en el marco del conflicto israelí-palestino.

Desde el punto de vista administrativo, la Cancillería enfrenta el reto de definir la sede en el territorio palestino, asignar recursos y asegurar el personal, condiciones necesarias para que la misión comience a operar.

Expertos señalan que esta demora puede debilitar la percepción internacional de Colombia como actor diplomático activo en Medio Oriente, y podría afectar también los intereses de ciudadanos colombianos en la región.

Aunque se ha planteado que la embajada podría funcionar inicialmente desde Jordania u otro país vecino, el objetivo final sigue siendo tener una misión física en Palestina, lo que aún no se ha logrado.

La embajada de Colombia en Palestina representa no solo un acto simbólico, sino una apuesta diplomática concreta. Para que no quede en papel, es esencial avanzar sin demora en la acreditación, la sede y el funcionamiento. De lo contrario, la elección queda en promesa y la diplomacia pierde fuerza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *