La ley regula los niveles de ruido permitidos en zonas residenciales

El ruido es uno de los conflictos más frecuentes en los conjuntos residenciales de Colombia. La mezcla de costumbres, horarios y actividades convierte a la convivencia en un reto constante. Sin embargo, la legislación ofrece herramientas claras para controlar los niveles de ruido y sancionar a quienes no respetan el derecho al descanso de los demás.

El Código Nacional de Seguridad y Convivencia, junto con la Ley 675 de 2001 y la Resolución 0627 de 2006, establece los niveles máximos de ruido permitidos. En áreas residenciales, estos límites son de 65 decibelios durante el día y 55 decibelios en la noche. Excederlos, incluso por minutos, puede considerarse una infracción a la norma ambiental y de convivencia.

Las administraciones de propiedad horizontal pueden actuar cuando se presentan quejas recurrentes. Según la normativa vigente, las sanciones por ruido excesivo pueden variar entre dos y dieciséis salarios mínimos diarios legales vigentes (SMDLV), lo que en 2025 representa entre 94.900 y 759.200 pesos colombianos. En casos graves o repetitivos, la sanción puede aumentar y acarrear restricciones en el uso de zonas comunes.

Estas multas no buscan castigar de forma punitiva, sino crear conciencia sobre la importancia del respeto mutuo. La convivencia implica comprender que el descanso es un derecho. Las fiestas, la música, los electrodomésticos o incluso las mascotas deben manejarse dentro de los límites horarios establecidos por la comunidad.

La administración debe garantizar un proceso justo. Toda sanción requiere una queja formal y evidencia suficiente. Algunas copropiedades utilizan mediciones con sonómetros para determinar si los decibeles sobrepasan el nivel legal. En caso afirmativo, el comité de convivencia o el consejo de administración podrá aplicar la sanción con base en su reglamento interno.

Los conjuntos residenciales pueden establecer horarios de silencio más estrictos según su entorno. Por ejemplo, en zonas donde predominan adultos mayores o niños, el horario nocturno puede extenderse. La clave está en la participación activa de los residentes en la creación y actualización del reglamento interno.

En la práctica, el ruido excesivo no solo perturba el sueño, sino que genera estrés y problemas de salud. Estudios han demostrado que la exposición prolongada a sonidos por encima de los 70 decibelios puede afectar la audición y el bienestar emocional. De ahí la importancia de aplicar y cumplir las normas vigentes.

La educación comunitaria y el respeto son las mejores herramientas para evitar sanciones. Un simple aviso antes de una celebración o el uso de audífonos pueden marcar la diferencia entre la armonía y el conflicto vecinal. En última instancia, la convivencia se construye desde el cuidado colectivo.

Convivir implica escuchar al otro, no solo en sus palabras, sino en su silencio. Respetar el descanso también es un acto de empatía.

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