Cifra oficial enfrenta cuestionamientos del sector productivo
Una estimación de la Organización Internacional del Trabajo sobre el salario digno en Colombia ha generado controversia en el contexto de las próximas negociaciones salariales para 2026. El ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, informó que según este organismo internacional, una familia colombiana de cuatro personas requeriría aproximadamente tres millones de pesos mensuales para cubrir sus necesidades básicas.
Esta cifra contrasta significativamente con el salario mínimo actual y ha provocado reacciones inmediatas del sector empresarial. Los gremios cuestionan la viabilidad de implementar un aumento de esta magnitud, argumentando que no considera adecuadamente las condiciones económicas y productivas del país. La discusión pone en evidencia la tensión permanente entre aspiraciones de mejores ingresos y sostenibilidad económica.
El debate salarial se desarrollará en las próximas semanas en la mesa de concertación, donde gobierno, trabajadores y empresarios deberán negociar el incremento final para el próximo año.
La propuesta del Gobierno se sustenta en el concepto de salario digno establecido por la OIT, que considera los costos reales de vida de un hogar promedio. El ministro Sanguino detalló que este cálculo incluye rubros esenciales como alimentación, vestuario y otros gastos necesarios para el sostenimiento de una familia. Desde la perspectiva gubernamental, existe una brecha considerable entre lo que actualmente ganan los trabajadores y lo que necesitan para vivir dignamente. Esta diferencia representa un desafío estructural que el país debe abordar progresivamente.
El planteamiento oficial enfatiza la responsabilidad del Estado de garantizar condiciones de vida dignas para la población trabajadora. El ministro afirmó que el país mantiene una deuda histórica con los trabajadores en materia de salarios justos. Esta posición refleja una orientación política hacia la mejora de las condiciones laborales y la reducción de la desigualdad. La administración actual considera prioritario avanzar en el cierre de la brecha entre ingresos y costo de vida, aunque reconoce las dificultades que esto implica.
El sector empresarial, representado por el gremio Aliadas, presentó su posición opuesta a la propuesta gubernamental. Según esta organización, un aumento del salario mínimo sin fundamento en datos económicos sólidos y sin diálogo real constituye una decisión riesgosa. Los empresarios argumentan que medidas de este tipo podrían tener efectos negativos sobre el empleo, la competitividad y la sostenibilidad de las empresas. Esta perspectiva enfatiza la necesidad de considerar la capacidad real del aparato productivo antes de tomar decisiones sobre incrementos salariales.
Aliadas citó específicamente el Convenio 131 de la OIT para argumentar su posición. Según este instrumento internacional, la fijación del salario mínimo debe considerar tanto las necesidades de los trabajadores y sus familias como factores económicos relevantes. Entre estos últimos se encuentran la productividad laboral, el nivel de empleo y la capacidad de pago de las empresas. El gremio subraya que la misma OIT que sugiere el monto de tres millones establece criterios de equilibrio que deben respetarse en la determinación salarial.
La organización empresarial advierte que mejorar los ingresos de manera sostenible requiere proteger simultáneamente la viabilidad de las empresas y el empleo formal. Un incremento excesivo podría generar consecuencias no deseadas como desempleo, informalidad y cierre de negocios. Estos efectos serían contraproducentes para el objetivo de mejorar la calidad de vida de los trabajadores. Desde esta perspectiva, la prudencia en los ajustes salariales no representa oposición a mejores ingresos, sino responsabilidad económica.
Para Aliadas, el concepto de salario vital debe interpretarse como un equilibrio dinámico entre protección del ingreso y estabilidad macroeconómica. Variables como inflación, empleo formal, competitividad y sostenibilidad fiscal deben ponderarse en la ecuación salarial. Ignorar estos factores podría generar desequilibrios que terminen perjudicando a toda la economía. El gremio insiste en que aumentos salariales sin respaldo en productividad y capacidad económica resultan insostenibles en el mediano plazo.
La posición empresarial concluye señalando que sin empresas viables y un entorno macroeconómico estable, resulta imposible mantener mejoras reales en los ingresos laborales. Este argumento plantea que el bienestar de los trabajadores está intrínsecamente ligado a la salud del sector productivo. Desde esta óptica, proteger a las empresas no constituye un interés contrario al de los trabajadores, sino una condición necesaria para garantizar empleos sostenibles y mejoras salariales graduales pero consistentes en el tiempo.
El debate sobre el salario mínimo 2026 refleja tensiones estructurales de la economía colombiana entre aspiraciones sociales y restricciones productivas. Las posiciones del gobierno y los empresarios, aunque aparentemente opuestas, coinciden en el objetivo de mejorar las condiciones de los trabajadores, pero difieren radicalmente en los mecanismos y tiempos para lograrlo. La mesa de concertación enfrentará el desafío de construir consensos en un contexto económico complejo.
El resultado de esta negociación tendrá implicaciones significativas para millones de trabajadores, para el sector empresarial y para la economía nacional en su conjunto. La capacidad de las partes para encontrar puntos de acuerdo determinará no solo el ingreso de los trabajadores en 2026, sino también la calidad del diálogo social y la viabilidad de reformas laborales más amplias en el futuro. Los datos económicos, más que las posiciones ideológicas, deberían guiar el resultado final.
