Autoridades atendieron 18 inundaciones y 12 árboles caídos, mientras ciudadanos cuestionan la falta de soluciones definitivas frente a las lluvias

El aguacero que se registró en Bogotá durante la tarde de este viernes dejó mucho más que impactantes imágenes de vehículos atrapados en una vía completamente inundada. La escena ocurrida en la avenida Boyacá, frente al botadero Doña Juana, donde taxis, carros particulares y camiones avanzaban con dificultad entre el agua, se ha convertido en un reflejo de una situación que se repite con frecuencia: cada lluvia intensa deja al descubierto las limitaciones del sistema de drenaje y la vulnerabilidad de la infraestructura vial.

Las cifras entregadas por el Distrito muestran la dimensión del episodio. El alcalde Carlos Fernando Galán reportó 18 inundaciones y la caída de 12 árboles en distintas zonas de la ciudad, emergencias que fueron atendidas por el Cuerpo Oficial de Bomberos y el Idiger. Aunque la capital cuenta con un plan de manejo de aguas lluvias y protocolos definidos para la temporada invernal, los episodios de encharcamientos prolongados revelan que hay cuellos de botella en la capacidad de evacuación del agua, especialmente en corredores estratégicos como la avenida Boyacá y la avenida El Dorado.

En la práctica, los aguaceros intensos ponen a prueba una red de alcantarillado que combina tramos antiguos con zonas de expansión urbana reciente. En sectores del sur y el norte, donde la ciudad ha crecido con rapidez, las vías reciben un volumen de escorrentía que supera lo que originalmente fue diseñado. A esto se suman problemas como el taponamiento de sumideros por basura, hojas y escombros, que impiden que el agua fluya de manera adecuada y termina acumulándose sobre la calzada. Vecinos de barrios como Barrios Unidos y Chapinero afirman que, aún con jornadas de limpieza, los puntos críticos reaparecen cada temporada de lluvias.

El episodio de este viernes también se relaciona con la intensificación de eventos climáticos extremos asociada a la variabilidad y al cambio climático. En Bogotá, los aguaceros cortos pero muy intensos son cada vez más frecuentes, lo que significa que en un lapso de pocos minutos puede caer un volumen de lluvia que satura sistemas de drenaje y desborda quebradas y canales. En estos escenarios, las ciudades que no han actualizado de manera integral su infraestructura hídrica quedan expuestas a inundaciones repentinas, como la registrada en la vía donde quedaron atrapados varios vehículos.

Desde la perspectiva de la movilidad, cada inundación en una arteria principal genera un efecto dominó. El cierre parcial o total de una vía obliga a desviar rutas de transporte público, congestiona corredores alternos y alarga los tiempos de viaje de miles de personas. Lo ocurrido en la avenida Boyacá y en puntos como la carrera 63 no solo implicó el riesgo de daños para los conductores, sino también demoras prolongadas para quienes dependen de buses, buses alimentadores y del sistema TransMilenio para desplazarse por la capital.

Especialistas en urbanismo y gestión del riesgo han insistido en la necesidad de combinar obras de infraestructura dura —como ampliación de redes de alcantarillado y construcción de tanques de retención— con soluciones basadas en la naturaleza, entre ellas zonas de drenaje, parques inundables y recuperación de humedales. Estas estrategias permiten que, en momentos de lluvias intensas, el agua tenga espacios para ser absorbida y almacenada temporalmente, reduciendo la presión sobre las vías. Para Bogotá, donde muchos suelos han sido impermeabilizados por el urbanismo, este tipo de medidas puede marcar la diferencia en los próximos años.

El Distrito ha señalado que continuará reforzando los trabajos preventivos y la respuesta operativa durante la temporada invernal; sin embargo, los episodios como el de este viernes muestran que la ciudad requiere intervenciones estructurales y de largo plazo. Mientras estas llegan, habitantes y autoridades deberán seguir conviviendo con el riesgo de que un aguacero convierta de nuevo las principales vías en ríos improvisados y deje atrapados a conductores y pasajeros en medio de la lluvia.

Las inundaciones en Bogotá, con vehículos atrapados en la avenida Boyacá y múltiples emergencias por lluvias, refuerzan la urgencia de modernizar el sistema de drenaje, fortalecer la gestión del riesgo y planear obras adaptadas al cambio climático. Entender las causas estructurales detrás de cada aguacero ayuda a trazar soluciones de fondo para reducir el impacto de las fuertes lluvias en la movilidad y en la seguridad de quienes se mueven a diario por la capital colombiana.

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