El proyecto consolida un eje vial paralelo a la Calle 13 y la Calle 80, con enfoque en movilidad sostenible y articulación regional

Más que una nueva vía, el corredor de más de siete kilómetros que conectará Funza con Bogotá por la Avenida La Esperanza se entiende como una pieza de un rompecabezas más amplio: la reconfiguración del occidente de la capital y de la Sabana como un solo sistema urbano. Al ofrecer un trazado paralelo a la Calle 13 y a la Calle 80, la obra apunta a redistribuir el tráfico que hoy se concentra en unos pocos accesos y a reducir la dependencia de corredores que llevan décadas sobrepasando su capacidad.

Desde el punto de vista de diseño, el proyecto incorpora criterios contemporáneos de movilidad. El perfil de 34 metros, con dos calzadas y dos carriles por sentido, se complementa con una ciclorruta de tres metros, andenes generosos y un separador arborizado que busca equilibrar la función vehicular con el espacio público y los modos sostenibles.

A esto se suman tres intersecciones a desnivel en puntos neurálgicos del corredor, lo que reduce cruces a nivel, mejora la seguridad y permite una operación más eficiente del flujo regional.

En el plano regional, el corredor se articula con un conjunto de iniciativas que van desde la nueva Calle 13 y la ampliación de la Calle 63 hasta la ALO Centro y la Perimetral de la Sabana.

Estos proyectos, sumados al RegioTram de Occidente, configuran un sistema multimodal en el que la carretera, el transporte masivo y la bicicleta se complementan para atender una región que ha crecido en población, parque automotor y actividad industrial mucho más rápido que su infraestructura vial.

El dato de que el 63 % de los habitantes de Funza depende del transporte público revela que cualquier solución focalizada solo en vehículos particulares sería insuficiente.

La integración del corredor con rutas de buses urbanos y regionales, así como con futuras conexiones ferroviarias, será determinante para que la obra cumpla su promesa de reducir tiempos de desplazamiento y no se limite únicamente a crear un nuevo canal de tráfico mixto que se congestione al poco tiempo.

Otro elemento clave es la gobernanza del proyecto. El convenio entre el IDU y la Alcaldía de Funza crea un Comité Técnico Operativo que deberá coordinar avances, resolver obstáculos y preparar futuros acuerdos financieros y de ejecución.

En este espacio se definirá, por ejemplo, cómo se repartirán cargas y beneficios entre Bogotá, Funza y los demás municipios impactados, así como la forma en que se protegerán ecosistemas sensibles como el humedal Gualí y la ronda del río Bogotá.

Desde la planificación urbana, el nuevo acceso podría alterar dinámicas de localización de vivienda y empleo en la Sabana Occidente. Una mejora significativa en la conectividad suele atraer nuevos proyectos residenciales e industriales, con el riesgo de estimular expansión desordenada si no se acompaña de instrumentos de planificación y regulación del suelo. De allí que los analistas insistan en la necesidad de articular el corredor con los planes de ordenamiento territorial municipales y regionales, de modo que su impacto se traduzca en desarrollo equilibrado y no solo en nuevas presiones sobre el suelo rural.

En términos de competitividad, la obra busca reducir los tiempos de viaje de trabajadores, estudiantes y carga que se mueve diariamente entre Funza, Bogotá y municipios como Mosquera, Madrid, Bojacá y Facatativá.

Cada minuto ganado en estos corredores se traduce en productividad para las empresas y calidad de vida para los hogares. No obstante, el verdadero impacto solo podrá medirse cuando la estructuración concluya, se consigan los recursos y la obra ingrese a fase de construcción con un modelo que priorice la eficiencia y la sostenibilidad.

El corredor Avenida La Esperanza entre Funza y Bogotá se proyecta como un eje estratégico para la movilidad de la Sabana Occidente. Su diseño de 34 metros, la ciclorruta, los intercambios a desnivel y la conexión directa con la vía perimetral de Funza lo convierten en una pieza central del paquete de megaproyectos que moderniza las entradas y salidas de la capital. Quienes buscan información sobre el impacto del nuevo acceso Funza–Bogotá, el futuro de la Calle 13, la integración con RegioTram y las obras del borde occidental, encontrarán en este proyecto una de las iniciativas más analizadas en la agenda de infraestructura regional.

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