Mientras las cifras oficiales hablan de reducciones en algunos delitos, el hurto a personas y la extorsión mantienen niveles preocupantes en varias localidades de la capital

El reciente atraco a una mujer embarazada y a su pareja en el barrio Olarte, en el sur de Bogotá, volvió a encender las alarmas por la inseguridad en la capital. El caso, registrado en video, muestra a cuatro motoladrones que interceptan a las víctimas en cuestión de segundos y las amenazan con armas de fuego, sin considerar la evidente vulnerabilidad de la gestante. Este episodio se suma a la larga lista de robos cometidos por delincuentes en motocicleta en diferentes localidades.

Las autoridades han insistido en que, en términos generales, algunos indicadores de criminalidad muestran reducciones, pero el hurto a personas sigue siendo uno de los delitos que más afectan la percepción de seguridad. Según datos del Siedco, en lo corrido de 2025 se han incrementado los casos de robos, lesiones personales y extorsión, con especial concentración en determinadas zonas de la ciudad. En este contexto, los motoladrones se han consolidado como uno de los mayores desafíos para la Policía Metropolitana.

La distribución territorial del delito confirma que hay localidades más golpeadas por la inseguridad. Puente Aranda lidera el aumento de robos con un 26,9 %, seguida por Teusaquillo con 18 % y Rafael Uribe Uribe con un incremento del 12 %. Este último territorio es precisamente donde ocurrió el atraco contra la mujer embarazada, lo que refuerza los llamados de la comunidad para que se focalicen allí acciones más contundentes.

Especialistas en seguridad urbana señalan que el fenómeno de los motoladrones combina varios factores: la facilidad de huir rápidamente en moto, el bajo costo de estos vehículos y la debilidad en los controles sobre placas, parrilleros y chalecos identificativos. Algunos sectores han planteado restricciones al parrillero o mayores operativos de registro, mientras otros advierten que medidas generalizadas pueden estigmatizar a quienes usan la moto como herramienta de trabajo sin estar vinculados al delito.

Las cifras de la Secretaría de Seguridad también indican patrones claros en el comportamiento de los robos: los días viernes, sábado y domingo concentran el 44 % de los hurtos a personas, y los horarios más críticos son la noche y la madrugada, entre las 6:00 de la tarde y la medianoche, y entre la medianoche y las 6:00 de la mañana. El atraco a la pareja en Olarte se produjo justamente en una franja de alta vulnerabilidad, a las 5:04 de la mañana, cuando aún hay poca presencia de peatones y de autoridades en la calle.

Para la ciudadanía, más allá de las cifras, la sensación es que cada nuevo video de un robo violento profundiza el miedo a transitar por la ciudad. El hecho de que la víctima sea una mujer en embarazo refuerza la percepción de que los delincuentes no tienen límites y que la vida de las personas queda en segundo plano frente a la intención de arrebatar un teléfono o una suma de dinero. Organizaciones sociales han pedido que los casos que involucran población vulnerable reciban especial atención y seguimiento por parte de la justicia.

En términos de política pública, el caso abre la puerta a revisar las estrategias de seguridad en sectores residenciales del sur de Bogotá. Para reducir el impacto de los motoladrones se plantea combinar más patrullajes, controles en puntos estratégicos, mejor iluminación y articulación con cámaras de vigilancia privadas y públicas. Un enfoque de seguridad ciudadana que priorice barrios como Olarte y localidades como Rafael Uribe Uribe podría ser clave para disminuir el hurto a personas y mejorar la percepción de seguridad en Bogotá, uno de los grandes retos que deja este atraco a una mujer embarazada.

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