A Laura el mercado de fin de mes le alcanzaba con tarjeta a tres cuotas. En noviembre, al revisar el simulador de su banco, vio que la compra le costaría más que en octubre. La razón está en una sigla poco conocida: IBC. La Superfinanciera lo certificó en 16,66 %, y con ello el tope de usura para consumo quedó en 24,99 %. Cada décima suma cuando la familia estira el presupuesto.

El cambio no es aislado. El Banco de la República mantuvo su tasa de política en 9,25 %, y el crédito de consumo —tarjetas, libre inversión, libranzas— ha crecido con fuerza en 2025. Con más compras “a debe”, el costo de financiar se vuelve protagonista en la mesa del hogar.

Para los microempresarios, los topes también se movieron: 27,39 % para productivo rural y 58,17 % en urbano; para la economía popular, los límites llegan a 73,56 % (rural) y 88,77 % (urbano). En barrios y plazas, donde los negocios viven del día a día, el precio del crédito define si se repone mercancía o se aplaza.

Laura hizo números: si difiere $1.000.000 en 12 meses, el costo total sube frente a octubre. La decisión fue pagar a una cuota y ajustar otros gastos. Historias como la suya se repiten en millones de tarjetas: el extracto de noviembre trae la pista del nuevo tope.

Las entidades financieras insisten en que la usura limita prestar a perfiles riesgosos; las organizaciones de consumidores recuerdan que el techo protege de cobros abusivos. En la mitad están familias y pequeños negocios, obligados a comparar y a negociar.

El consejo en voz baja de los expertos: simular antes de comprar, priorizar deudas con tasa más alta, y, si es posible, renegociar plazos. Cada punto cuenta cuando el margen es estrecho.

Noviembre llega con un mensaje sobrio: financiar el consumo costará un poco más. Planear, mirar el interés efectivo anual y evitar cuotas innecesarias puede marcar la diferencia entre cerrar o no el mes.

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