Disidencias presionan con ataques a la fuerza pública
El ataque con explosivos contra la estación de Policía en Mondomo no es un hecho aislado, sino la expresión más reciente de una escalada violenta que se ha instalado en el norte del Cauca. El corregimiento, ubicado sobre la vía Panamericana y perteneciente a Santander de Quilichao, se ha convertido en un punto estratégico para las estructuras armadas ilegales que disputan el control territorial y las rentas ilícitas en la región, desde el narcotráfico hasta la extorsión a transportadores y comerciantes.
De acuerdo con las primeras versiones, el hostigamiento en Mondomo habría sido ejecutado por disidencias de las Farc que operan en el Cauca, vinculadas al bloque de alias “Iván Mordisco”. Estos grupos han intensificado su ofensiva en el último año, combinando ataques con explosivos, uso de drones para lanzar artefactos y ráfagas de fusil contra estaciones de Policía y unidades militares. El objetivo, según analistas, es debilitar la presencia estatal, sembrar terror en la población y reforzar su dominio sobre corredores claves como la Panamericana.
La elección de blancos no es casual. En municipios como Santander de Quilichao, Balboa, Caldono y otros del norte del Cauca, las estaciones de Policía y puestos militares se ubican cerca de cascos urbanos densamente poblados y de vías nacionales. Eso hace que cada ataque tenga un efecto doble: afecta a la fuerza pública, pero también envía un mensaje de vulnerabilidad a la ciudadanía y paraliza la movilidad regional. El cierre de la vía Panamericana tras el ataque en Mondomo lo demuestra: más allá de los daños físicos, el impacto económico y psicológico es profundo.
El atentado se inscribe en una cadena de hechos recientes. Solo un día antes, en el sector de Guadualito, municipio de Balboa, la estructura Carlos Patiño atacó a tropas del Ejército, dejando varios militares heridos y un soldado secuestrado. En abril de 2025, un carro bomba frente a la estación de Policía de Mondomo dejó una mujer muerta y varias personas heridas, además de graves daños en la infraestructura y viviendas aledañas. La repetición de ataques en el mismo corregimiento demuestra que el lugar permanece en la mira de las organizaciones armadas.
Esta situación plantea preguntas sobre la capacidad del Estado para proteger a la población y garantizar la movilidad en uno de los corredores viales más importantes del país. La vía Panamericana no solo conecta a Cali con Popayán, sino que es un eje fundamental para el transporte de carga y pasajeros entre el centro y el sur del continente. Cada cierre por ataques, bloqueos o explosiones repercute en el abastecimiento de alimentos, en el comercio regional y en la percepción de riesgo de quienes viajan por el Cauca.
Al mismo tiempo, el ataque en Mondomo vuelve a poner en discusión la implementación de la política de seguridad y de paz total en el suroccidente colombiano. Mientras el Gobierno insiste en la necesidad de combinar negociaciones con operaciones militares, en el territorio la comunidad percibe un aumento de acciones violentas y una sensación de desprotección. Las denuncias de líderes regionales, organizaciones sociales y gremios productivos apuntan a la urgencia de reforzar el pie de fuerza, mejorar la inteligencia y garantizar respuestas rápidas ante este tipo de hostigamientos.
Finalmente, el caso de Mondomo evidencia que la seguridad ciudadana y la política de infraestructura están estrechamente ligadas. Proteger a la población pasa no solo por aumentar patrullajes, sino por asegurar que estaciones de Policía, escuelas y viviendas no se conviertan en “escudos” involuntarios en medio del fuego cruzado. Mientras el norte del Cauca siga siendo escenario de ataques con explosivos y fusiles, la recuperación de la confianza en el Estado y en la posibilidad de transitar sin miedo por la Panamericana seguirá siendo un desafío pendiente.
El ataque con explosivos en Mondomo confirma que el norte del Cauca es hoy uno de los epicentros de la violencia armada en Colombia. Analistas coinciden en que la combinación de disidencias de las Farc, corredores estratégicos como la vía Panamericana y una presencia estatal aún insuficiente mantiene en alto riesgo a municipios como Santander de Quilichao. Para contener esta escalada, expertos en seguridad y líderes locales reclaman acciones integrales: fortalecimiento de la Fuerza Pública, inversión social y un enfoque territorial que ponga en el centro a las comunidades más afectadas por los hostigamientos.
